¿Cómo se promueve la creatividad?
La creatividad trata de desarrollar nuevas ideas. Para ello es fundamental poder observar los problemas desde un punto de vista diferente, lo que a su vez implica no limitarse a métodos, proceso o ideas viejas. El cerebro es capaz de organizar la información en modelos y pautas, y los individuos a menudo son educados de forma que se promueve en ellos un cierto tipo de pensamiento, bien sea analítico, sopesador o crítico. Sin embargo, el cerebro puede formar nuevos modelos y pautas utilizando la intuición u otros enfoques.
La creatividad puede ser una característica de los científicos y artistas, de los directores y empleados, de los clientes y proveedores, de las personas que se encuentran trabajando y de las personas que disfrutan del ocio. Se puede asociar a la estética personal, a la capacidad de descubrir problemas, a la agilidad mental, a la aceptación del riesgo, a la objetividad y a la motivación interna. Se puede ver influida por la dinámica de un grupo, por los entornos espaciales y su arquitectura, y por las presiones del trabajo y del tiempo. Puede producirse espontáneamente o como resultado de un esfuerzo sostenido. La creatividad puede ser una lucha individual o la aspiración y logro de una organización. Puede evaluarse por sí misma o por formar parte de un trabajo útil, como las obras de arte o los resultados científicos. La forma en que se reconozca y evalúe la creatividad y en que se recompense a las personas creativas, puede a su vez tener un efecto promotor de la misma en el futuro. No siempre unos altos incentivos o una cierta posición garantizan unos resultados creativos. Puede darse la circunstancia de que una combinación de un problema, la presión, el tiempo y la oportunidad resulten más influyentes. Las técnicas y una estructura o rutina pueden resultar de ayuda; sin embargo, en algunas ocasiones, un cambio en la rutina también puede ser de utilidad.
La personalidad también es importante. La creatividad no sólo consiste en la generación de ideas brillantes. El desarrollo e implantación de estas ideas resulta igual de importante para la innovación y se podría decir que resulta igual de creativo, aunque de forma diferente. Se han observado diferencias de personalidad entre los individuos en lo referente a la creatividad, pudiéndose distinguir entre los denominados «adaptadores» y los «innovadores». Reconocer la necesidad de ambos tipos de individuos (y el espectro de individuos entre ambos) es un aspecto importante del desarrollo de equipos creativos con éxito. Existen herramientas para analizar el perfil de las personas que pueden ayudar a los individuos a comprender sus propias capacidades e intereses, o pueden ser utilizadas por los directores para diseñar la composición de equipos de trabajo o comprender las necesidades de los empleados individuales y los trabajos que les puedan encajar.
Los «adaptadores» habitualmente producen suficientes ideas que se basan en gran medida en definiciones aceptadas y existentes de un problema y sus probables soluciones, aunque llevan las soluciones más allá. Estas ideas ayudan a mejorar y a hacer las cosas mejor. Los «innovadores» es más probable que reconstruyan el problema alejándolo de su aceptado envoltorio formado de pensamientos, paradigmas y opiniones comúnmente aceptadas para llegar a una solución mucho menos esperada que muy probablemente sea también al principio menos aceptable. Los «innovadores» ponen en muchas ocasiones más empeño en hacer las cosas de modo diferente que en hacerlas bien.
